“Balcedo, el manual de lo que no debe ser un sindicalista”, Fernando Pereira

Opinion 03 de febrero de 2018 Por
Mucho se ha hablado y escrito acerca de la detención del gremialista Marcelo Balcedo –dirigente del gremio de los empleados de la minoridad de educación de la Argentina-, hecho acaecido en diciembre pasado en el uruguayo balneario de Punta del Este. Quien se ha referido a la misma y a la “vida fastuosa” del sindicalista es Fernando Pereira, el titular del PIT – CNT, el Plenario Intersindical de Trabajadores – Convención Nacional de los Trabajadores, principal central sindical de la República Oriental del Uruguay. Acorde a nuestro estilo de reflejar fidedignamente el pensamiento, transcribimos lo escrito por el dirigente sindical del Uruguay
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(CarasyCaretas.com.uy – Montevideo) “Hace días que estoy tentado por decir algo sobre el caso, aunque el mismo esté en manos del Poder Judicial. Por eso, independientemente del fallo judicial, yo lo quiero enfocar desde la mirada de un sindicalista uruguayo, analizándolo sin atajos y sin generalizaciones.

Hace ya unos cuantos días que el caso es la portada de diarios e informativos mencionando su condición de sindicalista, pero con tantos empleados como una mediana empresa.

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Hasta este momento, nunca habíamos escuchado pronunciar su nombre, nunca nos cruzamos con él en ninguna de las decenas de visitas de delegaciones uruguayas a la Argentina. Seguramente esto se explica en que nada tiene que ver la forma de vida de Balcedo, con la que tiene que tener un sindicalista,

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El estilo de vida, con la exposición de bienes suntuosos, autos de alta gama, armas de guerra, una importante cantidad de trabajadores al servicio del mismo, millones de dólares encontrados, son un escándalo para nuestra cabezas. Sería este un perfil perfecto de lo que no debe ser un sindicalista, ni en Argentina ni en ninguna parte del mundo.
Dice la prensa, y nadie lo desmiente, que heredó un cargo que tenía su padre. Esto para nuestras cabezas, en las que elegimos nuestras direcciones cada dos o tres años, con votaciones masivas de trabajadores y trabajadoras, con innumerables asambleas, plenarios, congresos y las más variadas instancias democráticas en el medio, resulta inentendible y ante todo inadmisible.

Es que en nuestro sindicalismo nadie hereda nada de nadie, de hecho hay muchos militantes, hijos de los fundadores de la CNT, pero ninguno de ellos están hoy en la dirección. Pueden llegar a serlo, pero a través de los mecanismos de democracia sindical.

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Nos duele que esta situación suceda, porque perjudica a todo el sindicalismo argentino, lo que produce generalizaciones que no son justas ni para los trabajadores argentinos, ni para la mayoría de los sindicatos.

Podríamos callarnos, porque es un problema de los argentinos, pero es que no puedo dejar de cuestionar estos procederes tan dañinos para el formidable instrumento de defensa de los intereses y derechos de los trabajadores y trabajadoras, y de los sectores más débiles de la sociedad, que son los sindicatos. Estas prácticas generan desconfianza, indignación y de mi parte, mi más visceral repudio.

Será el Poder Judicial el que laude las responsabilidades que existen en esa materia; pero no quiero desde ningún punto de vista pasar por alto que, alguien que heredó un sindicato, tiene armas de guerra, autos de alta gama y cifras multimillonarias en dólares, atenta contra una de las características fundamentales que debe tener un dirigente sindical, una vida de acuerdo a los ingresos del grupo familiar al que pertenece, igual que cualquiera de los trabajadores que representa en sus tareas de dirigente. Si algo heredamos de los viejos fundadores de la CNT, es que la vida de los dirigentes sindicales debe correr la misma suerte que la de cualquier afiliado, porque si no se vive como se piensa, se termina pensando cómo se vive.

En el encuentro al que fuimos invitados en noviembre del año pasado en el Vaticano, el Papa lanzó un mensaje contundente, que debe ser referencia a la hora de medir las prácticas de los dirigentes sindicales: “es terrible esa corrupción de los que se dicen «sindicalistas», que se ponen de acuerdo con los emprendedores y no se interesan de los trabajadores dejando a miles de compañeros sin trabajo (...) educar conciencias en solidaridad, respeto y cuidado”.

Yo soy cristiano, pero no es necesario serlo para compartir este mensaje y actuar en consecuencia en cualquier parte del mundo”.

 

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