El toque me está llamando

Sociedad 04 de abril de 2018 Por
¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Ambas interrogantes viajaron de voz en voz entre claves y notas musicales
jimriley
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(Bohemia.cu – La Habana – por Sahily Tabares)   No podía ser de otra manera, a Brasil estuvo dedicado el fructífero encuentro, en marzo último, en sedes habaneras donde coincidieron jóvenes y consagrados para profundizar en raigambres compartidas con la identidad sonora cubana y la valía de percusionistas de ambos países que brindan aportes a las músicas populares en todo el mundo.

El “secreto” está, sin duda, en el entramado polirrítmico común al área del Caribe, a gran parte del gigantesco país sudamericano y otras áreas de las Américas.

Como fue concebido por Giraldo Piloto, presidente del evento desde su fundación, cada espacio contribuyó al aprendizaje y a la socialización de experiencias de compositores e intérpretes, entre ellos, Fabiana Cozza, Antonio Sánchez, integrante de Pat Metheny Group, Jim Riley, así como un grupo de músicos cubanos, entre ellos, Alain Pérez, Idania Valdés, los Van Van, Robertico Carcassés con Interactivo y el Grupo Klímax, de Piloto.

competenciapercusion

Por múltiples razones la Fiesta del tambor lleva el nombre del legendario percusionista Guillermo Barreto, quien se distinguió por su peculiar estilo. En una oportunidad me dijo: “la técnica es el arte que permite resolver situaciones complejas en el momento preciso. Soy respetuoso de la melodía, me interesa mantener el equilibrio, la mesura. Disfruto trabajar en grupos, sobre todo ofrecerle una base al solista. A esto los norteamericanos le llaman mantener el tiempo, para mí, es fundamental”.

Con una lata y un palo

Por doquier se disfrutan los movimientos del cuerpo, de los pies, acompañar con palmadas, tararear estribillos. Sin duda, el nuestro es un pueblo bailador. Gusta seguir el lenguaje rítmico de los tambores, responde al toque que llama, goza a plenitud. Quizá porque somos resultado de “un inmenso amestizamiento de razas y culturas”, apuntó Fernando Ortiz.

Según él reconoció, esta Isla ha tenido el poder de crear una música con fisonomía propia que desde muy temprano conoció un extraordinario éxito de difusión.

merceditas

En cualquier barrio surgen ejecutantes espontáneos, suenan los cencerros, incluso basta con una lata y un palo para iniciar un gran o pequeño festejo.

Por ello, Giraldo Piloto que siempre busca vías para defender las esencias de lo cubano, encontró en el evento una vía para estimular los bailes de arraigo popular mediante concursos de casino y rumba. El primero es un baile de salón surgido en La Habana a finales de la década del 50 en el que confluyen diversos elementos como parte de un proceso evolutivo de modalidades precedentes. Su elegancia, dinamismo, y coreografías pone a prueba la destreza de los participantes.

¿¡Y qué decir de la rumba!? De acuerdo con un acucioso ensayo del musicólogo Radamés Giro: “el género es entendido como la multiplicidad de bailes llegados de África, de procedencia bantú, carabalí o arará, a los que se unen las danzas españolas. Con el transcurso del tiempo se definió en su unidad de música-danza, resultado de un proceso de síntesis cultural”.

jurado

Especifica el experto que “esta manifestación de la cultura popular, aunque se localiza a lo largo y ancho del territorio nacional, se manifiesta mayoritariamente en las provincias habaneras, en Santiago de Cuba y Matanzas, donde es práctica cotidiana en el modo de hacer y vivir del cubano de hoy”.

También la Fiesta del tambor convocó a un certamen de percusión, en el que fueron evaluados conocimientos sobre los géneros o estilos, el sonido, la creatividad y el virtuosismo.

Alumnos de la Escuela Nacional de Arte, en su mayoría, demostraron aptitudes y espíritu de superación que deben mantener. El hecho de motivarlos e incentivar en ellos el interés de confraternizar constituyó uno de los tantos aciertos del evento, el cual merece apoyo institucional e interés de los públicos.

El encuentro abrirá caminos para que los de menos edad, profesionales en formación, intercambien, escuchen atentamente a los maestros, observen, incorporen informaciones, comprendan cuánto les falta por aprehender. Hay que estudiar, los saberes no admiten improvisaciones, tampoco la cultura se transmite por ósmosis.



La coincidencia de músicos cubanos e invitados en diferentes escenarios contribuyó al acercamiento indispensable al quehacer foráneo. Se escuchó hablar de instrumentos y expresiones musicales apenas conocidos en nuestro país. En especial interesó la batucada, complejo músico-danzario brasileño nacido en la etapa colonial como manifestación transculturada de las músicas de los esclavos africanos. En ella, la polirritmia percutiva tiene un papel esencial.

¿¡Y cómo olvidar la bossa nova, género de la música popular brasileña derivado de la samba con una poderosa influencia del jazz en la década del 50!?

 

En las dinámicas sesiones afloraron disímiles preguntas, demostraciones, necesidad de escuchar al otro, conocer mucho más sobre identidades y memorias nunca olvidadas.

Alguien indagó por el maracatú, pues ha sido vista en telenovelas. Le explicaron que esta expresión musical y danzaria profana nació en el estado de Pernambuco, derivó de las congadas afrobrasileñas que representaron los esclavos y libertos en las ceremonias litúrgicas de coronación de los reyes congos desterrados por los colonos portugueses a Brasil.

Hay que profundizar en la historia de los pueblos. A todos compete la descolonización de la mirada. En esencia, ser auténticos.

Para el alma divertir

Venimos de fuentes tributarias que fueron totalmente absorbidas hasta dar vida a una música auténticamente cubana.

La Fiesta del tambor reveló huellas, nexos imperecederos. Además, esclareció conceptos, trajo a colación asuntos apenas abordados, desterró silencios, olvidos.

En más de una ocasión se evocaron las investigaciones del nunca olvidado periodista, músico y escritor Leonardo Acosta, quien enfatizó en varios artículos: “Según el común criterio occidental –que adoptó el jazz durante mucho tiempo–, la percusión es solo para acompañar. Pero entre los africanos y en ciertas músicas afrocaribeñas y afrobrasileñas los instrumentos percutidos no son solo acompañantes, pueden ser autosuficientes, cantar con voz propia, y hasta constituir una orquesta o conjunto de voces que desarrollen un discurso polirrítmico, a veces alternando con la voz humana, ya sea solista, en coro o ambos”.

De igual modo, hallazgos, revelaciones, vivencias, enriquecieron las clases magistrales ofrecidas por músicos de la Isla e invitados.

El estadounidense Jim Riley hizo demostraciones sobre una forma de escritura musical que él ha dejado registrada en partituras. Destacó la importancia del swing o groove colectivo producido por la tensión dinámica entre patrones relativamente fijos y otras variables dentro del conjunto. Se refirió al determinado carácter de diálogo entre los ejecutantes que incluye repeticiones y variantes a una frase, reconoció el valor intrínseco de las ideas expresadas en un pasaje musical o una frase, las cuales no son memorizadas ni ensayadas con antelación.

Manifestó sentirse muy feliz por estar en Cuba. “Aquí, entre ustedes, se aprende”, precisó.

La música genera significados, tiende puentes, sirve mucho más que para el alma divertir, una condición valiosa multiplicada por el pueblo.

De ello dieron fe los homenajes a virtuosos de la percusión cubana, como Tata Güines, quien fue un referente para todas las generaciones. Este maestro impresionó por sus recias uñas, las yemas de los dedos, las palmas de las manos, la inventiva rítmica y la audacia estilística. Hombre sencillo, cordial, buena persona, estuvo siempre empeñado en compartir lo suyo, lo intenso que lograba en los sonidos agudos.

Comentó a BOHEMIA en una oportunidad: “Conocí a Chano Pozo. Era todo un maestro. Improvisaba. Lo acompañé en unos carnavales, él dirigió la comparsa de Los Dandys de Belén. Aquella jornada fue durísima, pues hicimos un larguísimo recorrido con la tumbadora arriba, sonándola a puro corazón.

“Cuando me vaya a ‘fugar’ quiero que descubran mis secretos. Dejo mis grabaciones para hacerlos pensar, en ellas están las claves de mis toques”.

Otra grande, Merceditas Valdés, demostró en escenarios de diferentes países dotes excepcionales en el cultivo del guaguancó, de los cantos de cuna y los pregones. Mantuvo una afinidad estrecha con el sabio don Fernando Ortiz, y con él ofreció conferencias sobre los valores del folclore en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. “La pequeña Aché”, así la llamaron, brilló al recrear los ritos raigales de nuestra nación.

Registros de ilustres figuras, agrupaciones y solistas siguen sonando con bríos…El toque me está llamando.

 

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