Una mirada

Opinion 12 de septiembre de 2018 Por
Una reflexión necesaria frente al legado del golpe de Estado en las generaciones hijas del quiebre democrático
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(www.Elciudadano.cl – Santiago de Chile -por Felipe Herrera*) Hoy como nunca antes veo ese desapego de la sociedad con la posibilidad y esperanza de los procesos políticos que lleva el sistema democrático con su diversidad de partidos políticos, que deberían representar los intereses de quienes históricamente las distintas expresiones que son la comunidad. Justo cuando escribo estas líneas escucho balazos, sonidos que están totalmente conectados con lo que digo anteriormente sobre ese divorcio se da en las generaciones que somos las que progresivamente venimos naciendo desde la dictadura y su herencia, que comenzó en ese martes como el que acaba de comenzar, pero de ese día fatídico de 1973.

Cuando quise escribir pensamientos y lecturas sobre nuestra historia reciente, bajo mis ojos está la interpretación de lo que significó el quiebre democrático y las heridas que aún perduran, por lo que hacer una reflexión profunda es ir a ver una de las múltiples aristas que podría tomar para decir con el dolor vivo y no sanado, no testigos del golpe, pero sí sufrir constantemente las consecuencias de un rumbo sometido a punta de armas, tortura, asesinato y desaparición.

consupueblo

Los que vivimos en estos tiempos, sentimos el dolor por estar frecuentemente afectados y cada vez más hondo y/o complejo, en la crisis de la integridad del ser humano. Somos presos de una desigualdad estructural, que significa ser la mayoría víctimas de un sistema alienante, donde la posibilidad de salir adelante es la capacidad económica y no el simple derecho de nacer en este país. En todas sus áreas nuestra vida está sometida al hecho que el neoliberalismo nos ha impregnado sus lógicas no sólo en lo material sino también en la estabilidad psico- emocional y la formación cívico- cultural.

Al referirme a la formación cívico- cultural, hablo de cómo a las personas se nos otorga una formación suficiente que nos permite saber sobre lo que es nuestro ordenamiento político, la importancia de la participación y la verdadera magnitud de los procesos políticos e históricos que se han dado, con la verdadera comprensión de la importancia del movimiento social, desde los partidos políticos, las agrupaciones sindicales y así una diversidad de colectivos de múltiples reivindicaciones que han sido capaces de presionar, de interpretar y ejecutar al momento de ostentar el poder, las transformaciones que demandó Chile. ¿Por qué la gente habla de forma despectiva de los partidos políticos haciendo la directa asociación entre la situación actual como de toda la vida? ¿Por qué hay personas que simplemente te dicen que no le interesa la política, no la entiende, o no le gusta hablar porque produce problemas?

Si vamos a ver qué fue lo que animó a las cabezas de las fuerzas del ejército, fue precisamente el movimiento social a partir de su espíritu comunitario, su consciencia de quienes eran, participando activamente en alguna agrupación comprometida por los cambios que Chile demandaba con la interpretación de la Unidad Popular y encabezada con el presidente Salvador Allende Gossens. Al tomar las armas contra el pueblo y su movimiento social, sometieron al miedo, al que no importa lo que se intente. Al tomarse las armas destruyeron la educación, cívica, cultural y emocional, fomentando la disociación entre nuestro ser y nuestra identidad de lo esencial para ser libres, para ponerlo como sujetos de mero consumo de productos. Da igual lo que hagas, debes ser funcional o sino serás apartado. Te prefieren sometido a través de la tecnología y sus beneficios, pero no consciente.

A los luchadores sociales despiertos y un pueblo soñador se le asesinó, se torturó, se le aterrorizó y se le quitó lo más básico que es soñar colectivamente, se les invitó forzosamente a excluirse de las instancias de la sociedad, dejando así que sigan los mismos o los que se pintan de nuevos, para que simplemente me queje, pero no haga nada, porque no se puede, porque es imposible. Si uno se diera cuenta de la verdadera magnitud de que es la vida y sus posibilidades, simplemente tendría el derecho de unirse, crear masas y constituir un nuevo proyecto de país, pero para eso la gente consciente debe instalarse y combatir la crisis cultural y cívica, en busca de devolverle lo más básico y se apoderen de sus vidas para lograr las metas comunes.

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Elegí tocar el aspecto socio-emocional en segundo lugar, porque creo que es evidente y trascendental, lo que viene a ser resultado brutal del golpe de Estado y la dictadura, con la instauración del modelo actual de proyecto de sociedad. Somos serviles al mercado, nuestra integridad responde para eso y la acumulación en todos sus niveles, pero a costos en lo que nuestros pensamientos llenos sentimientos se transforman en incubadoras de enfermedades psicológicas. Depresiones, ataques de ansiedad y otras enfermedades que cuestan vidas, debido precisamente de que nuestros proyectos de vida están carentes de buscar nuestra plenitud desde El Modo Ser que planteo Erich Fromm, sino en Modo Tener: finalmente yo dependo de un éxito laboral, para la acumulación y así ser ese consumidor, pero no desde nuestra propia vocación puramente personal.

El ser profesional, querer ser emprendedor o dar dedicación al espacio político para responder a la acumulación material e inmaterial, que si no es satisfecha produce sentimientos de inutilidad, de frustración y tantas otras sensaciones, lo que repercute en enfermarse emocionalmente y tengas que consumir hasta medicamentos para ofrecerte algún grado de posibilidad de que salgas al mercado para ser operativo bajo cobros excesivos.

Hoy Chile no se muere por enfermedades de orden más fisiológico solamente, sino desde lo que la mente puede sufrir por vivir bajo la competencia entre cada uno de nosotros, aunque quieran pintarlo con lógicas colaborativas. Ser productivos para beneficio de esos mismos que incitaron a las fuerzas armadas a masacrarnos para que les permitieran sin asco seguir explotando. Ese cuerpo oligarca es el responsable y aunque lo nieguen toda su existencia, es responsable de la crisis de no poder tener proyecciones, querer soñar y tener esperanzas.

El golpe de Estado y su legado, nos ha quitado la esperanza y la comprensión fidedigna que nuestras generaciones que no fuimos testigos del poder popular, desde su diversidad de expresiones y su cohesión con sentido de colectivo. Nos quieren hacer creer que eso nunca ocurrió, que simplemente fue engatusado el pueblo por un populista izquierdista que buscaba instalar una dictadura comunista y que nunca se podrá lograr una sociedad justa a través de la vía chilena al socialismo, porque nos van a asesinar. Si veo para atrás a los procesos sociales, ese camino que se trazó fue con fortalecer la educación bajo el lema “gobernar es educar”, fue con entregar cultura y justicia social, que desembocó en esa generación soñadora que decidió a través del voto que el socialismo podía ser democrático, que podía conducir a la transformación de la sociedad en su conjunto, pero que le costó la vida colectivamente para hundirnos en lo oscuro de lo que es enajenación socio-emocional y educativa.

 

Si somos capaces de tomar consciencia de nuestra historia como pueblo, tomamos nuestras vidas y las entregamos para luchar por esas transformaciones, sea el camino que decidamos, que sea mejor con esos modelos del pasado soñador. Las generaciones que venimos desde la dictadura y su herencia, debemos tomarnos los espacios y enfrentar para que por fin exista desde la izquierda un proyecto político de visión de país que desearíamos, siendo cada paso que demos a través de las vías posibles, pequeñas paradas para nuestro objetivo final. La unidad y el amor a la vida, nos llevará a conquistar lo que quizás buscó interpretar esa generación perdida y la figura de Salvador Allende, quien nos dejó la tarea de abrir las grandes alamedas para que mujeres y hombres libren transiten.

 

(*) Por Felipe Herrera Morales, Trabajador Social, futuro profesor de Historia y presidente de la Fundación Sentido Común

 

 

 

 

 

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