Fuera de carrera

Internacionales 21 de noviembre de 2016 Por
Pasaron 4 años apenas de su derrota ante el socialista Francois Hollande. Y pensó que, ante el desconcierto ideológico y lo contingente que sacude a casi toda la izquierda y al progresismo en el mundo las condiciones estaban dadas para volver triunfalmente al Palacio del Elíseo. Una ilusión que –en la jornada del domingo 20 de noviembre- quedó trunca para el centro derechista Nicolás Sarkozy
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(www.enter-ate.com.ar – General Pico – París)  Esa imaginación del retorno debía sortear como mínimo un escollo: las elecciones primarias donde el hombre que se alojó –transitoriamente- en el Palacio de Gobierno de Francia cuya ascendencia es un tríptico –húngara; judía y griega- lo dejaron fuera de carrera.

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Literalmente ni para esperar un recambio. Tercero en la puja, con solo el 22 por ciento de los votos, humillado reconoció su derrota ya se apresuró anunciando que el próximo domingo 27 de noviembre volcará su caudal electoral para favorecer al ex Primer Ministro François Fillon que sumó el 44 por ciento poniéndose delante de quien fue también Primer Ministro Alain Juppé que cosechó tan sólo el 28 por ciento de las voluntades emitidas.

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Desafiando los pronósticos, Sarkozy  dio batalla. Pero no pasó de una escaramuza, bien costosa para él y para lo que podría ser su futuro político. Malos recuerdos durante sus últimos 24 meses de mandato no fueron impedimento para su tozudez –y en especial para quienes lo adularon en ese desafío de las primarias- pensando que, aunque las encuestas no lo daban ocupando el sitial del oro podría revertir la situación.

Ponía como ejemplo el caso del actual Jefe de Estado de la Argentina, Ingeniero Mauricio Macri, que ganó en el balotaje de hace un año cuando los sondeos no daban ese escenario.

Se equivocó. Se equivocaron las encuestas en Francia también. Lo que dice el “encuestado no siempre es veraz, en ocasiones responde diferente a lo que piensa”, manifestaban desde las entrañas de una de las principales sondeadoras de opinión gala.

“Sucede que el famoso voto vergüenza se está haciendo carne en los encuestados y nosotros, como formadores de opinión no les estamos haciendo caso”, resaltaba Didier, organizador de sondeos no sólo en el terreno de la política.  

El nivel de movilización en estas primarias de la derecha francesa pone de manifiesto lo que ciertos observadores de la política de la tierra de la Marsellesa sostienen desde hace tiempo: “el poder de movilización de la izquierda viene perdiendo terreno, dejando un espacio fecundo para que la derecha se haga fuerte”, sostienen.

Tan es así, que poco más de 4 millones de electores participaron de esos comicios abiertos, ante los casi 2 millones ochocientos mil votantes que participaron de la misma disputa en el corazón de la izquierda.

Una explicación pergeñada por los analistas en la noche del domingo explican que el elevado e inesperado porcentaje logrado por Fillon tiene su base en que muchos simpatizantes de la izquierda –se estima cerca del 20 por ciento- votaron en la consulta de la derecha con un objetivo supremo: cerrarle camino a las ambiciones de Sarkozy.

Con una izquierda fragmentada –panorama que permea a muchas formaciones de ese signo en varios países- y con el gobernante Partido Socialista más pensando en un panorama post derrota en 2017, los conservadores se entusiasman y envalentonan en la carrera presidencial.

Todavía queda por dirimir en el partido de Gobierno quien disputará los comicios del próximo 23 de abril de 2017 –en primera vuelta- y si fuera preciso marchar al balotaje, el mismo se cristalizaría el domingo 7 de mayo.

Lo errático de su camino; el hecho de que desanudó el terreno cosechado por años por la izquierda –la fuerte inserción en los sectores laborales y en la llamada pequeña burguesía enamorada del Estado de bienestar- y por una innumerable cesión de conquistas al “lobo del mercado”, la situación del Presidente Hollande no es la mejor.

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La dimisión de varios de sus ex Ministros pone en jaque su postulación para las internas de la izquierda. La fecha tope para que decida si puja o no está cerca: el próximo 17 de diciembre, fecha límite.

Entre quienes aspiran a competir están los ex Ministros Emmanuel Macron –un social liberal-; Arnaud Montebourg y   Benoît Hamon, que representa al sector más de izquierda del Partido Socialista.

Evaluación al interior del partido gobernante –más para adentro que para afuera del mismo- predicen que “lo mejor es que Hollande no se presente”.

Una encuesta del pasado jueves 17 de noviembre realizada por Cevipof-Ipsos-Sopra Steria y publicada por el vespertino Le Monde, exhibe el peor escenario para el actual habitante del Elíseo: Hollande ni siquiera pasaría la primera vuelta, donde sería superado por la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen.

Ante ello y, tras la hecatombe que sacudió a Sarkozy, todo está en discusión. Nada está dicho pero, muchas voces se inclinan por darle respaldo a Macron; si bien la figura de Hamon es bien vista por ese segmento que “siempre nos votó pero hoy está en una actitud pendular”, describía la cabeza visible de una incipiente candidatura de Hamon.

Tiempo no falta. Tampoco resta demasiado hilo en un carretel que se fue desdibujando; desgajando y tornándose cada vez con menos emoción y con bastante decepción.

 

Si se mira al mundo, la hora de la derecha y la centro derecha –en algunos casos la feroz y peligrosa extrema derecha- parece estar sonando fuerte.

 

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