Réquiem por un dulce señor: hace 15 años murió George Harrison

cultura 28 de noviembre de 2016 Por
Los Beatles son un paradigma musical que nunca conocerá el olvido. El grupo transcendió razas, sexo, edad y fronteras a tal grado que hubo un momento en que casi todos los habitantes del planeta sabían de ellos y cantaban sus canciones
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(Entornopolitico.com  - Veracruz – por Luis Gastélum)  Corrían los años sesenta y el mundo era una convulsión. Entonces llegaron los Beatles con sus proclamas musicales en contra del establishment mundial, contra ciertas formas de gobierno y contra las guerras, sobre todo, y en favor del amor y la paz. Era como una respuesta esperada, un desahogo para el sentimiento frustrado, una cura para las penas; era un grito de libertad. Y no obstante que el grupo se mantuvo unido sólo por casi una década, los Beatles dieron pie al nacimiento y desarrollo del fenómeno fans tal y como hoy se conoce. Por eso se quedaron para siempre.

La Beatlelmanía se habría de convertir en la filosofía del ser libre y los Beatles en los gurús de todos los jóvenes del mundo. John, Paul, Ringo y George no eran sólo los nombres de cuatro músicos, sino un marco de referencia para ser, el esquema a seguir, una actitud de vida. Entonces, la llegada del Mesías podía esperar porque con los Beatles la vida es bella. Los cuatro muchachos rebeldes de Liverpool se hacen ricos y famosos. Luego se vuelven millonarios. Sus fotografías adornan las paredes, las mesitas de noche de las jovencitas y todo aquel espacio donde quepa un ícono. Viajan en Rolls Royce y en Boeing. Los grandes profetas escuchan sus canciones. La Reina de Inglaterra los hace Lores. El mundo entero está a sus pies. Pero nunca faltan los peros. Poco a poco, la aventura se habrá de convertir en tragedia. Nadie ignora ya el drama ni ellos buscan discreción. Siguen grabando y se mantienen en pie gracias a los intereses multimillonarios que representa cada letra, cada acorde, cada salida a escena, cada paso que dan. Pese al indiscutible éxito del memorable cuarteto de Liverpool, las controversias entre sus integrantes son cada vez más patentes.

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El liderazgo siempre fue motivo de disputa, sobre todo entre John Lennon y Paul McCartney. Ringo Starr siempre fue una figura gris e intermedia cuya opinión no era relevante en las grandes decisiones. En este conflicto tampoco intervenía George Harrison. El prefirió mantenerse al margen y orientar toda su energía a la composición musical. Fiel a su carácter reservado y con en una línea de bajo perfil generó una cuantiosa producción, la cual no se conoció con el cuarteto, debido a la imposición de Lennon y Mc Cartney de limitar a dos por álbum los temas del guitarrista. Esto disgustaba a Harrison, el más joven de los cuatro, porque no le permitían proyectarse como él quería, lo cual logró en 1970 con el triple disco Todas las cosas deben pasar (All Things Must Pass). Fue el primer álbum de un Beatle solista en ocupar los primeros lugares de popularidad, pues además de la descarga de creatividad contenida, contaba con la colaboración de importantes músicos como Eric Clapton y Dave Mason del grupo Traffic, Gary Broker de Procol Harum, y el entonces jovencito Phil Collins. Y Harrison así lo manifestó a la revista Rolling Stones tiempo después en ocasión de la reedición de ese álbum: “Es como tener diarrea y no poder ir al baño”.

George Harrison nació el 25 de febrero de 1943 en el distrito de Wavertree de Liverpool. Fue el menor de cuatro hijos de una familia de bajos recursos. Su padre Harold era chofer de autobús y su madre Louise trabajaba en una verdulería. De niño, George fue siempre muy independiente de carácter y un alumno que no destacó en sus estudios. Su rebeldía consistía en el largo del pelo, su forma de vestir y su pasión por la guitarra. Su primera guitarra era acústica y se la compró su madre, pero no lograba sacarle un acorde porque no entendía de notas. Sin embargo, su segunda guitarra, ya eléctrica, le permitió experimentar y perfeccionar el estilo que lo consagró. En su aprendizaje influyeron los destacados guitarristas Chet Atkins y Duane Edy, entre otros. Con su nueva guitarra de 30 libras y a la edad de 14 años hizo su primera presentación profesional en el British Legion Club de Spike junto con su hermano Peter y tres amigos más.

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Gracias a la amistad que entabló con Paul McCartney en la secundaria, se unió a los Quarrymen, que lideraba Lennon y que en ese momento cambiaban el skiffle, sonido local y distintivo de Liverpool que consistía en alocadas improvisaciones, por el rock and roll que luego revolucionaría al mundo. Eso fue en 1958 y dos años después, ya con Ringo en la batería, los Quarrymen tenían un nuevo nombre: Beatles. En 1961 el grupo realiza su primera gira a Hamburgo, de donde las autoridades locales expulsan a George por ser menor de edad y es obligado a regresar a Inglaterra. Tres años después, los Beatles inician su conquista del mundo desde el show de Ed Sullivan y filman La noche de un día difícil (A Hard Day’s Night), considerada una de las mejores películas de rock. Durante el rodaje, George conoce a la que sería su primera esposa, Pattie Boyd. Se casan en 1966 y se divorcian diez años después. El matrimonio con Pattie se deshizo por diversas causas, entre ellas un aparente romance entre George y la esposa de Ringo, así como por el hecho de que no habían podido tener hijos por una supuesta esterilidad de ella. Pattie se relacionó entonces con Eric Clapton, quien siempre estuvo perdidamente enamorado de la esposa de su mejor amigo.

Esta situación llevó a Clapton a componer la hermosa canción Layla. “Era una época en que no podías enamorarte de la mujer de un Beatle si querías seguir vivo”, habría dicho el también guitarrista. Pese a este hecho, destacado aún sin razón por los medios roqueros del corazón, la amistad de Harrison y Clapton siguió siendo estrecha a tal grado que grabaron y se presentaron juntos en diversos foros y fue al único músico que el ex guitarrista de los Beatles le permitió tocar el requinto en un escenario en vivo al tiempo que éste interpretaba su exitosa canción Mientras llora mi guitarra (While My Guitar Gently Weeps), que ya había sido grabada por los Beatles y remasterizada por Harrison como solista. Empieza el año de 1970, el hippismo es ya un modo de vida de los jóvenes y los Beatles, el grupo de los cuatro muchachos que habían revolucionado la música y unificado a la juventud de los años 60 en un coro mundial por el amor y la paz, estaban cerca de su desintegración. La muerte un año antes por una sobredosis de Brian Epstein, el verdadero forjador del cuarteto de Liverpool, fue una de las causas, mismas que se agudizaron con la competencia entre Lennon y McCartney por el liderazgo del grupo. Y George siempre al margen, una especie de mudo testigo de la guerra fría entre esas dos potencias, además el guitarrista ya había iniciado su carrera como solista desde 1967. Hasta llegó a culparse a Yoko Ono de la separación, pero la armonía ya estaba rota y el uso de diversas drogas había mermado el ánimo del grupo. “El verdadero culpable fue John”, aseguraba Paul. “Ellos insultaban a Yoko”, decía Lennon. “Llegamos a golpearnos”, afirmaba Ringo.

Así, las intrigas, los celos, el hastío, la pugna por el poder, las buenas y malas artes de los integrantes del más grande conjunto musical de todos los tiempos desembocaron en el adiós definitivo un 10 de abril de 1970. Sin embargo, por intereses de la disquera, un año después de la separación todavía grabaron, con apatía pero con un gran interés por los dividendos, el álbum Let It Be. Los Beatles ya habían dejado de ser y la experimentación y las drogas llevaron a George a interesarse en la música y la filosofía hindú, reconociendo como su maestro musical a Ravi Shankar. Con él realiza en el Madison Square Garden de Nueva York el primer concierto benéfico de la historia en 1971: El Concierto para Bangla Desh, en el que además participan Eric Clapton, Bob Dylan, Billy Preston y Leon Russell, entre otros. La carrera solista de Harrison comenzó tres años antes de la separación de los Beatles, impulsado por varios factores, entre ellos su gran talento musical y como compositor, constatado por el hecho de que algunos temas suyos habían sido grandes éxitos e importantes contribuciones al cuarteto de Liverpool como Something, que demuestra la plena madurez de George como escritor y registrada por el Billboard londinense como una de las más escuchadas por la radio, con un récord de 25 años de tocarse ininterrumpidamente. El talento de Harrison no estaba a discusión y así lo había demostrado con el grupo y luego en su expresión creativa independiente.

Se distinguió por un estilo de guitarra modelado por su amigo y maestro del rockabilly Carl Perkins. Otros elementos que influyeron en la autonomía de Harrison respecto del cuarteto fue su capacidad para integrar y patrocinar diversos proyectos al margen de los Beatles, ya sea como productor de discos y películas independientes y, principalmente, por ser el introductor de la cítara y la filosofía hindú a los oídos occidentales. Pero no toda la etapa independiente de Harrison fue de éxitos. Para finales de la década de los 80, las producciones del joven creativo y gran músico que pese a todo destacó dentro de los Beatles y se distinguió en su primer periodo de solista, ya no eran del gusto de la crítica. Eso le produjo cierta decepción y se refugió en otras de sus pasiones: el cine. Luego de producir tres películas, entre ellas La vida de Bryan, con su productora Handmade Films y el grupo londinense Monty Python, de fundar su disquera Dark Horse y lanzar el álbum triple All Things Must Pass, que ocupó el primer lugar durante varias semanas en Estados Unidos, vinieron los fracasos. El más publicitado fue la demanda interpuesta en 1970 contra Harrison y su gloriosa canción My Sweet Lord por el representante de las Chiffons, acusado de plagio del éxito de 1964 She’s So Fine. Después de 20 años de ir y venir por las salas de las Cortes el ex Beatle fue condenado a pagar un millón 600 mil dólares por plagio.

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Con escasas apariciones en los escenarios y esporádicos retornos a las listas de popularidad, George Harrison se retiró a la vida privada. Pero el miedo del guitarrista a la vida pública se acrecentó en 1980 con el asesinato de John Lennon. Mark Chapman, el fan asesino de Lennon, les alteró la vida a los ex integrantes de los Beatles. George tuvo un ataque de paranoia y se aisló aún más en su mansión del elegante suburbio londinense de Oxfordshire, con su mujer Olivia Arias, la mexicana con quien contrajo matrimonio en 1978, y con su hijo Dhani. Se dedicó a vivir la vida de millonario y cambió la guitarra por la jardinería. La mansión de Harrison tenía una superficie de 14 hectáreas, un edificio de 100 habitaciones y un laberinto subterráneo de cuevas. Era vigilada por cámaras de televisión, patrullada por perros las 24 horas al día y por guardias de seguridad, además estaba alambrada y contaba con una malla eléctrica. Por su magnificencia, la finca no era fácil de vigilar y otra racha de mala suerte para George le llegó en 1999. La madrugada de la víspera del Año Nuevo del 2000, Michael Abram se introdujo hasta la recámara del matrimonio Harrison y apuñaló a George. El guitarrista se defendió. El escándalo despertó a Olivia y entre ella y George lograron someter al individuo. George resultó herido en el cuello y en el pecho, sufriendo una laceración pulmonar. Estuvo a punto de morir. Al ingresar al hospital, cuando le preguntaron quién era el atacante, George dijo: “Definitivamente no era alguien que quería probar suerte con los Wylburys”, refiriéndose al grupo que a últimas fechas había integrado con estrellas del rock como Bob Dylan, Roy Orbinson y Tom Petty, entre otros. El atacante fue declarado mentalmente insano, por lo que no fue recluido en una cárcel, sino en una institución mental. Pero la mala racha de Harrison no paró en el intento de su asesinato: un año antes le habían pronosticado un cáncer de garganta y luego le detectaron otro en un pulmón, finalmente la enfermedad llegó hasta el cerebro y le apareció un tumor no operable.

 Al final, el arraigado hábito por el tabaco cobró su mortal factura. El 29 de noviembre se cumplen 15 años de la muerte de George Harrison, el Beatle místico, el que meditaba al dulce señor mientras lloraba su guitarra el largo y sinuoso camino que lo llevó de las míticas calles del puerto de Liverpool a la cima de una fama que no lo eximió de ser, en carne y sangre, un simple mortal, pero eternamente un Beatle, es decir, la cuarta parte del paradigma musical de todos los tiempos que nunca conocerá el olvido. George es ya una leyenda perpetua, uno de los cuatro nombres que dictan como ser y vestir, como vivir y morir, como pulsar una guitarra.

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