"Actualmente hay una cantidad inmensa de películas libres", Frédéric Boyer

cultura 12 de diciembre de 2016 Por
A unos días de la apertura del 8º Festival de Cine Europeo de Les Arcs (10-17 de diciembre), entrevistamos a su director artístico, Frédéric Boyer (que también trabaja en Tribeca), para considerar, más allá de la selección de la muestra , el Work-in-Progress y las evoluciones en plena aceleración de la industria cinematográfica mundial
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(CinEuropa.org – Saboya – por Fabien Lemercier)  CinEuropa: Con 15 cintas –películas- europeas en posproducción, el Work-in-Progress 2016 de Les Arcs parece más extenso que en ediciones anteriores, ¿por qué?

Frédéric Boyer: Con el premio Lab Project, creado por Eurimages (news), añadimos varias películas que están más marcadas por la innovación, en la forma y la duración, de la manera de narrar las historias. Además, cada año recibimos un mayor número de candidaturas, porque un gran número de profesionales vienen al Work-in-Progress de Les Arcs, que es una buena plataforma para preparar Cannes y los festivales que vienen después. Este año, por primera vez, nos hemos visto obligados a rechazar siete u ocho películas que sin embargo son muy buenas, una decisión que también está ligada a la variedad de estilos que queremos presentar. Cada película tendrá derecho a seis minutos de imágenes, con dos o tres fragmentos y la presentación de un productor y/o del realizador. Y al día siguiente, organizamos también por primera vez una mañana de sesiones individuales dedicadas a las películas del Work-in-Progress en las que se tratarán las ventas, las coproducciones o los festivales. Sin embargo, a pesar de lo que está en juego para los cineastas, nuestra prioridad es preservar el ambiente distendido que constituye uno de los atractivos de nuestro festival.

 

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Este Work-in-Progress 2016 incluye películas de directores que ya han sido reconocidos en grandes festivales. El hecho de que se hayan producido sin agente de ventas —condición previa para postularse a la selección—, ¿es un síntoma del estado general de la producción?

Cuando vemos imágenes de Koko-di Koko-da, de Johannes Nyholm, o de In My Room, de Ulrich Köhler, por ejemplo, no dudamos un segundo y estamos encantados de incluirlas en la selección. Pero sí que es cierto que, con la crisis de la distribución, se constata que cada vez menos vendedores se comprometen con mínimos garantizados en el tipo de cine que defendemos en Les Arcs. Así pues, algunas puertas se cierran, pero al mismo tiempo se abren otras muchas, porque actualmente hay una cantidad inmensa de películas libres. Y hay una expectativa real de descubrir imágenes. Y las que vamos a mostrar en Les Arcs todavía no han sido vistas por nadie, a excepción de nosotros mismos y los equipos de las películas.

 

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¿Cuál es tu opinión sobre el impacto que tiene la creciente importancia de los nuevos modos de distribución en el cine de autor europeo?

En tres años, el panorama se ha transformado por completo. Los gigantes de la distribución en línea pueden poner encima de la mesa sumas enormes para adquirir películas, pero hay que prestar mucha atención, porque también tienen los medios de impedir que se desarrollen otros mercados aparte de ellos. Ahora están comenzando a interesarse por el cine de autor europeo, porque saben que detrás de las películas hay realizadores que podrían tener mayor influencia en el futuro. Pero una vez compradas, estas películas son a menudo prácticamente invisibles: no son puestas en valor en las plataformas. Estamos ante una especie de "bolsa de películas". ¿Tiene el espectador ganas de buscar una película de la que no habla nadie, que no sabemos ni encontrar en una gran tienda virtual? Comprar películas europeas que no tienen una gran promoción y no publicitarlas es en cierta manera matarlas, aunque algunas plataformas se comporten más virtuosamente que otras. Por otro lado, los cineastas no saben quién es su público, no reciben ningún feedback y se ven en cierto sentido desposeídos. No hay que olvidar que un director no sueña con que su película sea vista en una tableta, sino con que sea proyectada en una sala repleta, algo que en la actualidad sucede casi exclusivamente en los festivales. Globalmente, estamos en una etapa de transición, porque el público está cambiando, el futuro está llegando y hay que adaptarse. Sin embargo, también vemos surgir una voluntad por parte de los cineastas de hacer películas diferentes, sin duda menos sociales, más plásticas, estéticas, en ocasiones próximas al arte contemporáneo y tendente a los extremos. Es algo interesante, porque hace que se muevan un poco los límites. Las productoras no quieren producir obras que los exhibidores no vayan a proyectar, que no vayan a ser vendidas ni distribuidas. En adelante, habrá una voluntad de diferenciación, también en el caso de las comedias. Soy optimista, porque se está reflexionando sobre qué será el cine del futuro para poder proponer películas dinámicas y emocionantes.

 

(Traducción del francés)

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