Tienen un sueño

Internacionales 22 de enero de 2017 Por
Había asumido el viernes 20 de enero en una jornada fría y lluviosa en Washington, la capital de los Estados Unidos. Y ya su imagen positiva sólo rondaba el 40 por ciento. Y un día después, miles, centenares de miles de mujeres y muchos miles de hombres en las calles de todo el orbe le demostraron al Presidente Donald John Trump que no le será un campo orégano su gestión como inquilino de la Casa Blanca
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(www.enter-ate.com.ar – Gral. Pico – Washington –por Alberto Bastia *)  Esas mismas anchas avenidas que los seguidores de Trump no pudieron llenar, fueron el marco propicio para que más de medio millón de personas marcharon en la gélida jornada washingtoniana del sábado 21 de enero para exponerle al magnate misógino que hay otro país que no comparte para nada su visión ultraconservadora de su gestión. Todo estaba atascado en la capital del Imperio.

masividad

Hay otro Estados Unidos que no aceptará a Torquemada y mucho menos a quien quiera ahogar –o con leyes y/o con represión- a la génesis de algo que ya debería hacerlo reflexionar al nuevo Jefe de Estado: que la resistencia civil llegó para quedarse una vez más en ese amplio y ambivalente territorio como es el de la primera potencia del mundo.

No debería echar en saco roto lo que dice la calle, aunque recluido en su oscuro y financiero pensamiento no entra la voz del pueblo.

A la par que se cristalizaba la marcha central, el corazón de esa resistencia, por la capital Yankee se celebraban otras decenas de caminatas en ciudades como Nueva York, Chicago, Boston, Los Angeles o Atlanta, en una protesta que también tuvo réplicas en otras partes del mundo, desde Berlín o Londres a Sydney o Ciudad del Cabo, como así también en ciudades de América del Sur, entre ellas, la capital de la Argentina; Montevideo, la de la República Oriental del Uruguay, como en el resto de las urbes de un continente con tantas disparidades. Se estima que la participación global orilló las 2 millones de personas.

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Una mirada novedosa se inauguró este sábado, como culminación de las concentraciones pre asunción: nunca antes un presidente republicano comenzaba su gestión con tantas alertas –unas amarillas, muchas de tono rojo, las verdes brillando por su ausencia- y con el recelo de otros Jefes de Estado de cara a la visión retrógrada del vencedor en el Colegio Electoral acerca de las políticas anti migratorias y con un grado de alto impacto cuando tire por la borda, como el hundimiento del Titanic, la famosa Obama Care, o sea la política de salud con el mayor criterio de contención de los últimos años en la vida institucional estadounidense.

Mujeres y hombres de todas las edades, razas, religiones y orígenes viajaron desde todos puntos de Estados Unidos, pero también desde Canadá, México o hasta Europa para participar en la Marcha por las Mujeres, la principal manifestación contra el nuevo presidente republicano y, en vista de las cifras, posiblemente la más masiva celebrada en torno a la toma de asunción de ningún presidente estadounidense de la historia.

“Presidente Trump, yo no le voté. Dicho esto, respeto que sea el presidente y quiero apoyarlo, pero primero le pido que usted me apoye a mí, apoye a mi hermana, a mi madre, a mi mejor amiga, a toda la gente que espera ansiosa a ver cómo su próxima maniobra puede afectar drásticamente sus vidas”, dijo la actriz y activista Scarlett Johansson, una de las oradoras de la protesta que siguió el mismo camino que el desfile inaugural del viernes 20 de enero, desde el Capitolio hasta la Casa Blanca.

Así las cosas, la era Trump estará marcada por su gestión archi conservadora con apego al desarrollo del universo financiero –muy caro a esa mirada del mundo- como la contrapartida de la resistencia civil que, entre algunos hitos en la historia de los Estados Unidos escribió capítulos como la marcha de los negros por sus derechos civiles –uno de los hombres fue Martín Luther King-, como así también cuando miles de estadounidenses marchaban en contra de la Guerra de Vietnam y vale la pena recordad un caso emblemático: Cassius Clay, por entonces campeón del mundo se negó a reclutarse y la respuesta del poder fue retirarle las licencias para su profesión y así perdió sus títulos ganados en el ring.

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Tal como dijo Martín Luther King en la histórica Marcha por Trabajos y Libertad, en 1963, quienes se expresaron dentro y fuera de Estados Unidos, sólo faltó que se escucharan esos tres palpitantes vocablos: “Tengo un sueño”.

 

(*) Alberto Bastia, Director Propietario de www.enter-ate.com.ar

 

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