El único del verano, en el mar y Rojo y Blanco

Nacionales 29 de enero de 2017 Por alberto bastia
Con cierta lógica, Ríver Plate –bajo la mano del expulsado Marcelo Gallardo- derrotó por dos a cero al Boca Juniors –con los también expulsados Guillermo y Gustavo Barros Schelotto- en la veraniega y bonaerense Mar del Plata, en la cálida noche del sábado 28 de enero
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(www.enter-ate.com.ar – G. Pico – Mar del Plata – por Alberto Bastia *)   Sólo uno y para generar más intrigas con las dudas acerca del comienzo o no del fútbol en todas sus categorías.  Y con un marco imponente:  una ciudad como Mar del Plata con los postreros días de un enero muy particular y con los cantos y las banderas de ambas hinchadas poniéndole ese toque carnavalesco y bullanguero propicio de los enfrentamientos entre ambos rivales que en su alumbramiento como clubes radicaron en la más que pintoresca barriada porteña de La Boca.

Y como siempre –a veces la excepción confirma la regla- el partido se nutrió de malos y buenos momentos. Priorizamos los malos porque el primer tiempo fue ríspido, tedioso, con dos o tres hitos de emoción. El resto se suponía para los segundos cuarenta y cinco minutos.

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Y se confirmó. El once dirigido por el expulsado técnico Gallardo salió decidido a dar batalla y que el Boca de los expulsados técnicos no pudiera saltar la verja y dar el grito sagrado.

Tan justo el esquema pergeñado por los riverplatenses  que los mediocampistas xeneizes dieron muestra de sus primeros fallos en el control del balón.  Por lo tanto, para organizar lo medular de un partido –las jugadas- los atacantes tuvieron que pasar el medio campo para colaborar con sus perdidos compañeros.

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Casi llega el fruto esperado. Buenos toques entre los boquenses Pablo Pérez y Pavón que entró solo a las espaldas de los centrales y definió ante la salida del guardameta riverplatense Batalla que tocó la de gajos y pudo desviarla. Así ahogó las gargantas de los de azul y amarillo.

Promediaba el partido y era un bostezo completo. Salvo por unas pocas realidades: un cabezazo de Maidana; otra salvada de Batalla y daba la impresión de que los penales definirían la Copa del Verano.

Pero siempre queda un resquicio para la sorpresa. Y dos fueron las sorpresas: una mano del boquense Insaurralde devino en el penal convertido por Driussi. Y el uno a cero ganaba las graderías. En los rostros de los boquenses quedaba la ilusión del empate.

Ilusión que se convirtió en desilusión.  Buena combinación; buena intención y la cabeza del ecuatoriano Arturo Mina llevó la alegría al dos a cero definitivo.

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Un impotente Boca quedó reducido a las tres tarjetas rojas que exhibió el árbitro Pitana; Insaurralde y Driussi y también a Benedetto que terció en la pelea.

Un triste final para un partido que sólo tuvo ramalazos de mal pintor.

Sólo quedará para el recuerdo veraniego ese dos a cero, menguado por el mal accionar de jugadores; técnicos y algo de lo que se cierne sobre cada match entre clásicos: mucha expectativa; pintura descascarada y unas caras felices y otras avinagradas.

 

(*) Alberto Bastia, Director Propietario de www.enter-ate.com.ar

 

 

 

 

 

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