París, la luz que nace varios metros bajo el suelo

cultura 19 de febrero de 2017 Por Prensa Latina - París - Luisa María González
Hay un sitio que parece hecho a la medida de quien desee conocer el París que existe más allá de la torre Eiffel, de los incontables monumentos y de la terraza de un restaurante
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(Prensa – Latina.cu – París –por Lusa María González *)  En este lugar fluye la vida de la ciudad como la sangre vital corre en las venas de un ser humano: es el metro –el transporte subterráneo- , donde los días comienzan y terminan.

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Con más de 100 años de existencia y su laberinto oscuro de pasillos subterráneos, el metro funciona desde las seis de la mañana hasta pasada la medianoche, con trenes que puntualmente llevan a miles de pasajeros de un lado a otro de la urbe de forma increíblemente eficiente.

Ahí, bajo el suelo, aparecen escenas de un París ausente en las guías turísticas, un París diverso, imperfecto, y humano.

En los días de semana, los trenes y estaciones lucen bastante similares a lo que podría esperarse de una ciudad desarrollada: una multitud se mueve con perfecta coordinación en una coreografía que ensayan a diario, bajo la presión de los horarios, las citas con clientes o las reuniones con jefes, directores, presidentes...

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Muchos hombres van de traje y portafolio de cuero, las damas llevan tacones y abrigos oscuros, y mientras cambian de un tren a otro solo se escucha el incesante tac-tac-tac de los pasos en el suelo.

En estos trayectos van juntos el obrero, el médico, el empresario y quizás hasta algún ciudadano de bolsillos llenos que, presionado por el tiempo, decidió dejar aparcado su automóvil de último modelo para evitar el tráfico exasperante y llegar rápido a su compromiso.

En la multitud también se perciben adolescentes que van o regresan del colegio, turistas extranjeros casi siempre despistados que miran a todos lados, y grupos de niños conducidos por sus maestras para visitar un museo o un parque.

Sin embargo, en fines de semana la fisonomía del metro de París cambia por completo porque ya no hay trabajo, ni escuelas, ni apuros, y el francés medio se queda en casa, o sale de paseo en bicicletas y autos.

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Entonces los vagones y estaciones se llenan de gente sencilla con zapatos gastados y abrigos desteñidos, y sobre todo de migrantes: rostros oscuros, ojos rasgados, velos islámicos, gente venida de cualquier rincón del mundo en busca de una vida mejor.

Hay días en que se puede recorrer media ciudad en el metro sin escuchar una sola palabra en francés, mientras se confunden en el oído el chino, el árabe, el turco o las indescifrables lenguas africanas.

Este París toma forma de desempleado, de demandante de asilo, de madre sola con tres hijos, de gente que no tiene donde vivir y eufemísticamente se les conoce como SDF (sin domicilio fijo). Aquí hay menos silencio, más desorden, muy poco apuro y es como si dejara de existir la urbe glamorosa y cinematográfica que muchos quieren conocer. Casi desaparecen las estaciones pintorescas donde Amelie, la francesita pequeña y curiosa de la película, sedujo al mundo.

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El metro viene a ser expresión de un París sombrío y muchas veces subvalorado que, no obstante, tiene su propia luz y capacidad inexplicable de conquistar, de trascender.

Al gran Víctor Hugo, por ejemplo, lo conocemos gracias a un pobre y harapiento Jean Valjean que robó un pan porque no tenía cómo alimentar a sus sobrinos. La catedral de Notre-Dame es mundialmente conocida por su feo y desdichado jorobado.

El cabaret Moulin Rouge se hizo famoso gracias a escritores malolientes, músicos bohemios y bailarinas prostitutas. Omar Sy, actor considerado hoy la personalidad más popular entre los franceses, tiene la piel negra como un azabache y es hijo de una mujer de la limpieza mauritana y de un obrero de origen senegalés.

Es que París, la Ciudad Luz, está hecha de muchas luces: algunas vienen de una torre, de un museo o de un restaurante con tres estrellas Michelin; y otras nacen de lo más profundo de un metro.

 

(*) Luisa María González, Corresponsal de Prensa Latina en Francia

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