El dinero no es todo

Economía 27 de febrero de 2017 Por Bitacora - Montevideo - Eduardo Valenti *
Hubo un tiempo que esa frase tan manida tenía sustento para millones de seres humanos. La riqueza, la ambición de riqueza y su extremo, la codicia, no era el motor del mundo, de la vida humana sobre la Tierra y la explicación última del funcionamiento de las sociedades
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(Bitacora.com.uy – Montevideo – por Esteban Valenti *)  Al menos nos batíamos desde la política, desde la ideología, desde la religión, desde la cultura contra esta visión tan pesimista sobre los seres humanos.

Aunque el economista Adam Smith dijera: No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés. Y el interés de los tenderos y de otros era, obviamente económico, era el principal y total.

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Hay una frase mucho más dramática del estadista y científico norteamericano Benjamin Franklin. De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero ¿Qué se puede decir de una sociedad donde el dinero lo es todo?

En diversos momentos de la historia surgieron pensadores, ideologías, religiones que hicieron de la humildad, de la vida modesta y austera una de las virtudes principales. Estamos muy lejos de esos tiempos, que de una u otra forma surcaron diversas épocas y sistemas sociales. Incluso el capitalismo tuvo su tiempo virtuoso de frugalidad protestante.

Ahora con la predominancia total del capitalismo financiero se persigue el beneficio mediante la especulación, moviendo el capital o dinero atendiendo a las tasas de interés, tipos de cambio, variaciones de precios, adquisición y venta de numerosos productos financieros y derivados financieros.

Mientras que en la economía de mercado las ganancias del empresario son la consecuencia de haber producido con eficiencia y de la plusvalía en el capitalismo financiero se busca la optimización de ganancias mediante la especulación. Aldo Ferrer escribió: Las posibilidades de generar ganancias arbitrando diferencias entre tasas de interés, tipos de cambio y variaciones de precios en los mercados inmobiliarios y bursátiles, atraen la mayor parte de las aplicaciones financieras. La especulación es un escenario para ganar (y perder) dinero, a menudo, mucho más importante que el de la inversión y la aplicación de tecnología para la producción de bienes y servicios.

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El gran escritor norteamericano Mark Twain dijo Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover. En realidad hoy en día, es el sistema de los banqueros el que maneja las variantes del clima económico y hace llover y salir el sol cuando le conviene.

La expresión operativa e ideológica máxima de la codicia, de la acumulación como la ley suprema del funcionamiento de la economía, de la vida social, de los valores, se expresa en una calle de Nueva York, es la calle del muro: Wall Street. Todos sabemos que allí funciona la bolsa de valores de los Estados Unidos de América.

Todos sabemos o deberíamos, que es el termómetro mayor e implacable de la marcha no solo de la principal economía del planeta, sino de una u otra forma condiciona a todo el sistema económico mundial, a las grandes empresas de muchos países y a millones de inversores y especuladores y por esa vía y, influye a todas las sociedades. No solo materialmente, en la acumulación y desacumulación de riquezas, sino en las ideas dominantes en el mundo.

Wall Street no propaga, no catequiza, no evangeliza, no adoctrina a nadie, simplemente hace sonar su campana cinco días a la semana y pone en venta y compra cifras siderales de riquezas reales y especulativas. Se estima que el monto de los negocios financieros diarios, en el mundo, superan el PBI anual de toda la América Latina. Incluso se afirma que el monto de las operaciones financieras mensuales, en el mundo, es de 1,5 veces el producto total de la economía mundial. Y el PBI Mundial es de 74.152 billones de dólares. (74.152.000.000.000) Uruguay tiene un PBI de 50.000 millones de dólares (50.000.000.000). Las cifras globales son siderales, pero en definitiva conviene recordar que son el resultado del trabajo, del esfuerzo, de la inteligencia de los seres humanos.

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A veces esas magnitudes contienen un mensaje enajenante, que tiende a separar lo cotidiano, lo comprensible, en definitiva lo humano de las cifras monumentales e incluso de las estadísticas para explicarlo todo.

La ideología y la política no pueden dedicarse a describir esa realidad, se necesita interpretación, prospectiva sobre las tendencias mundiales y su impacto en nuestras realidades. Impacto no solo económico, sino en todos los planos de la vida, porque eso es exactamente lo que sucede, la acción de esas fuerzas portentosas del mercado, impactan también sobre los valores morales de las sociedades y de los individuos.

¿Es casual que en estos tiempos la corrupción sea un mal tan extendido y arraigado en tantos países e instituciones? Hacer la lista sería interminable, pero no sería imposible colocar en todos los medios de información una sección permanente, diaria dedicada a la corrupción en y desde el poder.

Es muy posible que dos procesos impulsen la difusión mucho más amplia de los fenómenos o de las prácticas cada día más frecuentes de la corrupción, por un lado los medios de prensa le brindan una atención particular porque la gente tiene una sensibilidad especial para esos temas, por otro lado el fin de la Guerra Fría determinó que esa línea de protección que sirvió para explicar o dar sustento a muchas políticas no tan santas, hoy no tengo ese apoyo ideológico. Ahora la corrupción es mucho más banal y se difunde con mucha más naturalidad.

¿A quién afecta esa visión de que el dinero lo es todo, incluso para la política? Esta idea es la que desde diversos medios y ambientes se intenta instalar y afecta en primer lugar a los políticos y a la política en su relación con la gente, con las sociedades. La golpea bajo la línea de flotación y promueve el surgimiento de los anti políticos, los anti políticos tradicionales. Sería larga la lista de los diversos países en que este fenómeno está apareciendo o en pleno desarrollo. Trump es su máxima expresión.

Obviamente que no es este la única razón por la que ganó las elecciones, pero fue una poderosa razón para que Hilary Clinton las perdiera. Su proximidad carnal con Wall Street.

Los partidos políticos se miden también por su capacidad económica. En los Estados Unidos la recaudación de cada partido-candidato es un indicador muy importante, excepto en el caso de Trump donde buena parte de su campaña fue pagada con su riqueza y grandes contribuciones, en el otro extremo estuvo Barack Obama que recogió una enorme cantidad de dinero a través de pequeñas donaciones por Internet y las redes sociales.

De todas maneras, para los partidos políticos en campaña, el dinero no lo es todo, pero Y ese es otro aspecto que debería regularse de manera muy diferente, mucho más exigente y controlable y con cuerpos especializado para la tarea, no como una ley al viento confiando en la buena voluntad de los partidos. La ciudadanía no cree en ese tipo de normas y es lógico, no funcionan.

Aunque una batalla civilizatoria, sobre la cultura dominante en el mundo globalizado no podemos pretender enfrentarla con el escarbadientes de algunas leyes nacionales, es en primer lugar una gran batalla ideológica y política.

La izquierda no puede ni debe sentirse la dueña de la verdad y la honestidad, tenemos demasiados ejemplos recientes para ser mucho más modestos y realistas, pero es incompatible proponer una nueva moral social y económica, donde la inclusión de todos y en especial de los más débiles y desfavorecidos socialmente y económicamente sea la base de un gobierno, donde el trabajo honesto, esforzado, con sus obligaciones y sus derechos sea la base del progreso material e intelectual y tengamos un tremendo agujero en la moral de la gestión concreta de los dineros de todos, los dineros de los estados a sus diversos niveles, nacional, departamental, local, de las empresas y bancos estatales, de la educación, la salud, etc. etc.

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Hay que demostrar que la plata no lo es todo, cuando se está en el poder y ante las múltiples tentaciones. En la oposición es siempre fácil e impecable.

En un tiempo en que se pregona y se práctica el fin de las ideologías, incluso el fin de la verdad o mejor dicho el fin de las realidades substituidas por verdades y realidades alternativas creadas a partir de determinadas necesidades, esta batalla por derrotar la visión de que el dinero lo es todo, en sus diversas variantes, incluyendo que el dinero está incluso por encima de la política, de la moral, de la sensibilidad, es una de las claves para la supervivencia de la política y de la izquierda.

Si el dinero lo es todo ¿por qué no recurrir a los que más saben del dinero, de cómo hacerlo, acumularlo y manejarlo para dirigir los destinos de las naciones?

 

 

(*) Esteban Valenti, Periodista, escritor, director de Uypress y Bitácora. Uruguay

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