No a la xenofobia

Internacionales 07 de mayo de 2017 Por Enter-ate.com.ar -G.Pico - París -A. Bastia
El centrista Emmanuel Macron derrotó –este domingo 7 de mayo- a Marine Le Pen con un 66% de votos frente a un 34%
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(www.enter-ate.com.ar – Gral. Pico – París – por Alberto Bastia *)  Y Francia dijo no. La victoria en las elecciones presidenciales de Emmanuel Macron, un exbanquero europeísta y liberal, frena la ola de descontento populista que triunfó en noviembre en las presidenciales de Estados Unidos y, antes, en el referéndum europeo de Reino Unido. Al frente del nuevo movimiento En Marche!, derrotó con rotundidad a Marine Le Pen, alineada con el presidente estadounidense Donald Trump y el ruso Vladímir Putin. Macron, que a los 39 años será el presidente más joven de la V República, conectó con las ansias de aire fresco y renovación moderada de millones de franceses, y se benefició de amplio rechazo que suscita el partido de su rival, el Frente Nacional. Después del Brexit y de Trump, no habrá Le Pen.

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Hacía tres quinquenios que ningún Presiente llegaba al poder con una victoria tan amplia. Para ello hay que remontarse al 2002 cuando Jacques Chirac venció a Jean Marie Le Pen por un 82 por ciento frente al 18 del padre de la hoy derrotada.

Otro dato a tener en cuenta y, de alto riesgo fue el nivel de abstención: un 25 por ciento no acudió a las urnas. Es el segundo más elevado desde 1969.

En un año en que el populismo y el nacionalismo, en unas sociedades marcadas por el hartazgo con las élites se hacen fuertes, en un momento de escepticismo con el capitalismo de libre mercado y el orden liberal internacional, de crisis de la integración europea y de miedo a los inmigrantes y refugiados, Francia emprende otro camino.

Hace meses el brexit sacudía los telones de una Europa convulsionada.  Tamb

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ién el mundo se veía impresionado con el triunfo del republicano ultra conservador de Donald Trump.

Ante ese escenario ciertamente caótico pensar que los franceses elegirían un presidente europeísta y liberal, defensor de la globalización y partidario de la apertura de las fronteras a las personas y a las mercancías, habría pasado por un desinformado, o un incauto.

Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron (Amiens, 1977), sin renunciar a ninguna de estas ideas ni esconder su biografía, desafió todas las advertencias y se convertirá en el octavo presidente de la V República. La ceremonia de traspaso de poderes con el socialista François Hollande se celebrará esta misma semana y en los próximos días nombrará a un primer ministro. Nadie le esperaba, pocos creían en él cuando hace un año lanzó En Marche!, siendo aún ministro independiente de Hollande.

Una parte del voto a Macron es un voto de adhesión; una parte aún mayor lo constituyen ciudadanos de derechas e izquierdas que ante todo querían frenar al Frente Nacional de Le Pen. Son votantes prestados, que no regalarán nada al presidente en los próximos meses y que en algunos aspectos —la economía, o Europa— se oponen a sus ideas.

El peligro para Macron es la fuerte contestación que encontrará a izquierda y derecha, los sempiternos bloqueos con los que cualquier presidente reformista —y casi todos llegan prometiendo, por fin, la reforma— se estrella a los pocos meses de instalarse en el Elíseo. Antes deberá nombrar al primer ministro —las quinielas señalan desde al veterano barón centrista François Bayrou hasta una mujer procedente de la sociedad civil— y obtener una mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas de junio.

De momento la emoción embarga a Francia y a gran parte de la humanidad porque logró “pararle la mano a la ultraderecha” indicaba Jean Paul, haciendo flamear una bandera francesa en la Plaza del Museo del Louvre.

La victoria de Macron por ahora significa más por lo que evita —el ascenso al poder de un partido extremista que quería sacar a Francia de la UE y del euro— que por sus propuestas en sí.

Es conocida su postura respecto a la flexibilización laboral. Uno de los bastiones de su campaña y que, sin duda será bombardeada por la central sindical de orientación comunista y por quien fue el candidato de una izquierda diferente, como es Jean Melenchon.

 

Así las cosas, si bien Francia le puso un freno a la xenofobia no hay que soslayar que casi 11 de los 40 millones habilitados para votar escogieron el camino de la xenofobia, del fascismo y del desprecio por el otro. Un dato a tener en cuenta porque Macron sólo cuenta con un cuarto del electorado galo; el resto es alquilado.

 

(*) Alberto Bastia, Director Propietario de www.enter-ate.com.ar

 

 

 

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