“Hemos venido a construir una unidad ciudadana", Cristina Fernández de Kirchner

Política 21 de junio de 2017 Por
Era el día esperado por miles que deseaban un puente de reunión con la ex Jefe de Estado de la Argentina. Ese puente se tendió y la multitud colmó el estadio suburbano de Arsenal, en la sureña ciudad de Avellaneda
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(Enter-ate.com.ar – General Pico – CABA – por Alberto Bastia *)  Para quienes esperaban que ese martes 20 de junio, el Día de la Bandera, fuera el momento del lanzamiento de su candidatura para las próximas elecciones legislativas de octubre venidero, esa expectativa no se cristalizó.

De lo que sí participaron fue del alumbramiento de la Unidad Ciudadana (UC), el frente con el que Cristina busca poner “un imprescindible freno al neoliberalismo” del gobierno de Mauricio Macri, que “dejó a la Argentina sin futuro”.

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Una jornada soleada como previa al comienzo del solsticio del invierno, Cristina no dijo aún si será candidata. Si bien es cierto que hay tiempo hasta el último minuto del 24 de junio próximo para definir su participación en los comicios, la mayoría sino todos los que estaban en el estadio esperaban escuchar de ella una definición. No lo hizo pero ¿podría no ser candidata cuando hace un acto donde es la figura central y la única oradora? La respuesta se conocerá en unos días más pero ayer, en Arsenal, el deseo general era ver su nombre en una boleta electoral. Muchos  entendieron que a eso se refería cuando dijo “vengo a sumarme como una más, a poner el cuerpo y el corazón”.

El entusiasmo y la alegría fue un denominador común entre los que participaron del lanzamiento de UC. Una característica que, se nota, no perdieron cuando se convirtieron en oposición. En todo caso, parecen haberlo redoblado ahora que está por comenzar la campaña electoral. Cristina no dijo nada de su destino electoral pero ello no evitó que se lo pidieran con el famoso “Cristina presidenta”. Ella, seria, les avisó que las que viene son legislativas y la multitud, con picardía, le retrucó: “Una más y no jodemos más”.

Cerca de las 15 y 30 horas  las banderas argentinas, como lo había solicitado CFK, poblaban las calles de Avellaneda. Igual, alguna que otra agrupación mostraba la suya aunque una vez dentro del Club Arsenal prácticamente se guardaron. Fue una fiesta con todas las características que suele criticar la clase social y los medios que desprecian las expresiones populares: puestos de choripán, humo, redoblantes, vendedores de banderas y remeras con los rostros de ella y de él, Néstor Kirchner, junto a los de Hugo Chávez, Evo Morales y el Che Guevara. Todas pruebas que, para los ojos del senador Miguel Pichetto, demuestran que CFK lidera un movimiento de centroizquierda.

Cerca del mediodía se abrieron las puertas y el flujo humano fue incesante. Teresa llegó al estadio con sus 92 años a cuestas, en silla de ruedas y con una larga bandera argentina que la tapaba desde el cuello hasta sus pies: “Soy tucumana y estoy de visita pero no iba perderme el acto de Cristina. Me gustaría votarla, soy jubilada y tengo seis hijos, todos profesionales pero con los problemas que provoca esta gente ando preocupada por ellos. ¿A quienes votan mis hijos? ¡A Cristina mijito! pero porque donde está la mamá están ellos”, afirmó.

La locutora pide que la gente no se quede cerca de las puertas de ingreso, que se corra para que los miles que todavía pugnan por entrar lo consigan. El gentío se mueve y el estadio queda chico. Las tribunas repletas y el campo igual. Todos otean las pantallas para saber cuándo ingresa Cristina. Eso hacía Mirta, una docente de Pilar, que portaba su bandera de los pueblos originarios a modo de capa. “Estamos festejando el día de la bandera pero, a diferencia del innombrable, con el pueblo”. A su lado está Martín, subdirector de la escuela y afiliado a Suteba. “Vinimos a verla a ella porque con ella estuvimos mejor. Vivíamos, que no es poco”, dice Martín y aclara: “Ahora nos dedicamos a estirar la comida para los chicos, cada día comen más y el gobierno de (María Eugenia) Vidal cada vez envía menos cupo. En mi caso tengo 510 pibes pero el cupo es para 364 y no podemos decirle que no hay para todos”. Mirta lo interrumpe y dice que “estamos acá porque no queremos más recortes, no queremos más deudas, queremos más educación pública, paritarias y futuro”, aseguró sin saber que, de alguna manera, estaba anticipando el discurso de su “conductora”, como la llamó a CFK.

A metros de allí, un grupo de adolescentes se comprometió para que “en octubre vamos a ganar las elecciones y en el 2019 volvemos a la Casa de Gobierno”.

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De tanto en tanto el cántico “vamos a volver” se volvía una sola voz en el estadio que le respondía a la locutora que repetía las consignas de la Unidad Ciudadana. El cantito unificaba, no porque hubiese batalla de grupos sino porque es el que expresaba con mayor claridad el deseo de todos los presentes. “Yo quiero que sea candidata. La quiero votar ahora y para presidenta”, aseguró Olga, la del 17 de octubre al revés. Está a punto de jubilarse como empleada pública y se siente orgullosa de que el nacimiento de la UC se produzca en Avellaneda porque “esta es la cuna de la resistencia y donde ahora le peleamos a Vidal y a Macri”. Nora y Marcela, dos amigas y compañeras de trabajo, la palmean y la felicitan. Marcela se pone seria y afirma que “queremos volver a vivir como antes, con nuestros hijos con trabajo, con estudio y sin tener que sufrir para llegar a fin de mes”. Diversos cronistas les preguntan si es necesario que Cristina sea candidata. Las tres, al unísono, gritan: “¡Siiiiiiiiiiiiiii!”.

De repente hay un silencio en el estadio. Por las pantallas gigantes se ve que ingresa Cristina y ese corto silencio se hace añicos con vítores, gritos y cánticos a su favor. CFK ingresa, saluda y camina hasta ese escenario circular que muchos asimilaron a la escenografía que utiliza el macrismo. Pero no fue igual.

Como suele ocurrir, cuando habla CFK se produce silencio, tanto que se pudo oír las aspas de los drones cuando sobrevolaban el campo. Esta vez hubo espacio para el diálogo entre la multitud y la única oradora del acto.

“Sobre la Argentina cayó el fantasma del desempleo, de la flexibilización laboral, la caída del salario, las tarifas impagables y ahora nos desayunamos con que nos quieren dar una deuda por cien años”. No pudo continuar, de todos los rincones surgió una sola voz que gritaba “¡hijos de puta!”. CFK no se amilanó y no lo dejó pasar: “No quiero insultos. Pongamos la energía en organizarnos y movilizar a los ciudadanos. Los insultos se los dejamos a ellos”, dijo y una ovación le impidió continuar con el discurso.

Si bien Cristina aseguró que el modelo neoliberal beneficia a unos pocos y que perjudica a todo el resto de la población: “¿Acaso cuándo van al súper a algunos le hacen rebajas porque son de un partido diferente?”, preguntó y recibió un “noooo” rotundo y extenso.

El detalle que se diferenció de los actos tradicionales e incluso de los que hace el macrismo es que, por un lado, los dirigentes políticos estuvieron en una de las tribunas, ocupando un lugar secundario. Pero sobre todo, Cristina habló y presentó personas de carne y hueso, que sufren la crisis que provocó el modelo del presidente Macri. No sólo fueron nombres de los que nadie sabe nada, como suele ocurrir con las puestas en escena macristas.

La tribuna de los dirigentes estaba a la espalda de Cristina. Entre otros,  dirigentes políticos como Daniel Scioli, Fernando Espinoza, Víctor Santa María, Martín Sabbatella, Carlos Tomada, Agustín Rossi, Sergio Berni, el radical Leopoldo Moreau, Aníbal Fernández, Gabriel Mariotto. Las diputadas Diana Conti, Teresa García, Juliana Di Tullio y sus compañeros de bloque, Rodolfo Tailhade, Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Edgardo Depetri, Carlos Castagneto, Eduardo “Wado” de Pedro, Andrés “Cuervo” Larroque, Abel Furlán y Héctor Recalde. Hubo sindicalistas como Hugo Yasky y Daniel Catalano y también intendentes como Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mario Secco (Ensenada), Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Verónica Magario (La Matanza), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), Juan Patricio Mussi (Berazategui), Walter Festa (Moreno), Julio Pereyra (Florencio Varela), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Gustavo Menéndez (Merlo). Los intelectuales Ricardo Forster, Horacio González y la cantautora Teresa Parodi también dieron el presente.

El acto terminó con el Himno Nacional cantado por Mercedes Sosa. Los dedos en V se alzaron de a miles, hubo ojos humedecidos, abrazos y el “oh, juremos con gloria morir” sonó a promesa. La desconcentración fue tranquila, lenta y los carteles de la avenida Mitre mostraron un solo mensaje: “Vuelve”.

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Ya había pasado la emoción de quienes la habían escuchado el 9 de diciembre de 2015, la víspera de la asunción del actual Presidente Mauricio Macri. Otros emocionados porque era “la primera vez que vine a verla y no la había votado, pero en octubre sí la voy a votar. Esto nos está hundiendo”, resumía Felipe, de unos 65 años que alzaba el cuello de su campera a modo de guarecerse del frío que campeaba en la tarde del martes de feriado.

 

Así las cosas, la carrera ha comenzado. ¿Será o no candidata para las elecciones de medio tiempo? Nada está dicho, ni nada está apagado. Lo único que ha quedado en firme es que la ex Presidente sigue generando emociones, expectativas y recuerdos de lo que pasó en la Argentina entre mayo de 2003 y diciembre de 2015.

 

(*) Alberto Bastia, Director Propietario de www.enter-ate.com.ar

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