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title: "'La Gioconda', el hurto más célebre de la historia del arte"
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description: "Un modesto carpintero se escondió durante toda una noche en el Louvre para llevar a cabo su objetivo el verano de 1911"
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date_published: "2026-08-21T20:00:00-03:00"
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author_name: "La Razon -es-Madrid-Pedro Alberto Cruz Sánchez*"
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# 'La Gioconda', el hurto más célebre de la historia del arte

***([www.Larazon.es](http://www.Larazon.es) – Madrid – Por Pedro Alberto Cruz Sánchez)***El robo más célebre de la historia del arte fue en verano. Ocurrió el martes 22 de agosto de 1911. Vincenzo Peruggia, un modesto carpintero y antiguo trabajador del Louvre, se escondió, durante la noche anterior, en la sala de herramientas del museo. Por la mañana, y ataviado con una bata blanca como cualquier otro operario de la institución parisina, descolgó la «Mona Lisa», la ocultó bajo su atuendo y salió a pie, tranquilamente, por la puerta. No era un plan sofisticado, de una altura intelectual que lo convirtiera en una «misión imposible». A principios del siglo XX, el Louvre ya evidenciaba los graves problemas de seguridad de los que sigue adoleciendo en la actualidad. Peruggia se dirigió a su apartamento e introdujo el cuadro de Leonardo da Vinci en un armario, en el que permaneció durante dos largos años. Pese a la movilización de la policía y la repercusión mediática, el paradero del lienzo continuaba siendo desconocido. De manera que, en 1913, el Louvre lo dio por desaparecido y lo excluyó de su catálogo.

A finales de noviembre de ese mismo año, un rocambolesco suceso daría un giro inesperado a toda esta historia del robo: Peruggia –bajo el seudónimo de «Leonardo»– contactó con el director de la Galería de los Uffizi y con un marchante en un hotel de Florencia. En su misiva, aseguraba estar en posesión del retrato robado en París. Tras examinar el cuadro y comprobar su autenticidad, informaron a las autoridades y el ladrón fue detenido. Un plan tan chusco solo podía resolverse de una manera no menos chusca. El día 4 de enero de 1914, tras ser expuesta en Florencia, Roma y Milán, «La Gioconda» regresó a París envuelta en un manto de misticismo del que ya no se desprendería a lo largo de su vida.

![uffizi](/download/multimedia.miniatura.89e4b07809109d47.bWluaWF0dXJhLndlYnA%3D.webp)

*uffizi*

De Leonardo para Francia

¿Cuál fue la motivación de Peruggia para perpetrar este robo? El patriotismo y el desconocimiento. Como italiano que era, deseaba devolver a su país una pieza que, en su creencia, había sido expoliada por Napoleón a comienzos del siglo XIX. Nada más lejos de la realidad: fue el mismo Leonardo quien llevó la «Mona Lisa» a Francia, a principios del siglo XVI, para venderla a Francisco I. La cultura del «patriota» Peruggia no daba para más. Pese a ello, y durante las pesquisas efectuadas por la policía, grandes nombres de la vanguardia, como Picasso y Apollinaire, fueron arrestados e interrogados como sospechosos del robo. Desde su llegada a París, el artista malagueño no cesó de ser vigilado por la policía a causa de sus inclinaciones anarquistas.

Además, el propio Picasso –con la ayuda inestimable de Apollinaire– había sustraído, en 1907, varias estatuas ibéricas del Louvre mientras preparaba su crucial obra, «Las señoritas de Avignon». Decir que las fuentes de inspiración de las vanguardias estaban manchadas con el crimen no es, en este sentido, nada exagerado.

![señoritasavignon](/download/multimedia.miniatura.9a7c579cb303676e.bWluaWF0dXJhLndlYnA%3D.webp)

*señoritasavignon*

Lo interesante del robo de «La Gioconda» es que, hasta 1911, esta tela de Leonardo constituía un elemento más de la inmensa colección atesorada por el Louvre. Cuando, una semana después de la sustracción, el museo volvió a abrir sus puertas, colas y colas de gente se formaron para ver el hueco que había dejado la genial pieza de Leonardo. Entonces nació el mito de la «Mona Lisa». Entre 1911 y 1914, se produjo un proceso en tres estadios que elevó la obra del maestro del Renacimiento a icono universal: 1) Si hasta ese momento constituía «una obra más», 2) tuvo que convertirse en «una obra menos» –consecuencia de su robo–, para 3) regresar al Louvre como el reclamo por excelencia del museo. La ganancia en valor simbólico y aura de «La Gioconda» no fue la consecuencia de su sobreexposición, sino de su retirada de la mirada. Mucho antes de que artistas como Yves Klein o Martin Creed jugaran con la idea del vacío –de la estrategia de no exponer nada–, el público parisino hizo largas colas para presenciar un trozo de muro, el lugar de una ausencia. Aquello que nos enseña un «affaire» como el del «robo de la Gioconda» es que la universalidad de una imagen se funda, en ocasiones, en su desaparición del marco de la mirada. Paradójicamente, su actual omnipresencia se elaboró en la «fábrica» de la ausencia.

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