La isla en la que el sarampión sigue matando

Sociedad 04 de abril de 2018 Por
Un brote ha causado el fallecimiento de más de medio centenar de niños en Papúa. Los expertos denuncian la falta de inversión en salud y el aislamiento al que la somete Indonesia
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(ElPais.com – Bombay – por Ángel L. Martínez Cantera)  "No es que esta comunidad no quiera vacunarse, es que no hay acceso a un programa de salud, ni hay vacunas suficientes, ni profesionales sanitarios para ofrecer el tratamiento", anuncia por teléfono el párroco Hendrikus Hada. Este cura católico de 41 años lleva décadas asistiendo a los residentes de la aislada localidad de Agats, al sur de la pequeña isla de Papúa. El pasado enero, Indonesia envió la segunda y última unidad especial de expertos para contener la epidemia mortal de sarampión, enfermedad infecciosa tratable, que afectaba a la provincia (en el oeste de la isla) desde mediados de 2017. Hasta 72 niños de la isla murieron a causa del virus. El Gobierno, que inició la campaña de vacunación nacional en septiembre del pasado año, responsabiliza a la orografía del terreno y la inaccesibilidad de la comunidad local como los agravantes del fatídico brote.

La región pantanosa de la provincia indonesia está habitada por tribus aborígenes como los asmat, a la que pertenecen los niños que fallecieron. Nómadas acostumbrados a la caza, la pesca y la recolección natural, la gran mayoría de los 20.000 menores de esta y otras tribus sufren malnutrición y no reciben asistencia médica periódica.

“No podemos decir que la situación esté bajo control, ya que el tratamiento de los casos de malnutrición necesitan más tiempo que la inmunización o la simple cura de la infección”, explica el pediatra Dimas Dwi Saputro, que contradice la versión gubernamental. Miembro de las fuerzas especiales para desastres de la Sociedad Indonesia de Pediatría de Jakarta, el doctor Saputro visitó la región hace una semana y describe decenas de nuevos casos diarios, algunos de ellos acentuados por otras complicaciones médicas, aunque sin riesgo de muerte.

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El especialista remarca la dificultad que los centros de salud pública tienen a la hora de dar servicio a una comunidad nómada con prácticas que llevan a familias enteras a adentrarse en la selva durante semanas. “Los médicos encuentran pocos niños en los poblados. Además, es complicado atender en esas zonas, ya que se requiere mayor inversión en logística y recursos humanos”, explica Saputro. El médico llama a las autoridades nacionales a atajar la situación: “El problema continuará creciendo. Los Gobiernos locales no pueden solucionarlo. Necesitan de la ayuda del central”.

El sector de la salud es uno de los más corruptos de Indonesia, como el de la educación, donde los presupuestos son elevados, pero los resultados escasos"

La llamada de atención al Gobierno nacional para que acabe con el abandono en Papúa y otras provincias es recurrente. La investigadora indonesia Victoria Fanggidae subraya las necesidades de la isla: “El porcentaje de pukesmas [clínicas locales en Indonesia] por distrito es el segundo más bajo de las 34 provincias del país”. Miembro del Instituto de Recursos de Gobernanza y Cambio Social (IRGSC, por sus siglas en inglés), Fanggidae insiste en que las coberturas de inmunidad "están descendiendo, en vez de ascender” en el archipiélago asiático.

El porcentaje de niños menores de cinco años vacunados contra el sarampión en Indonesia era solo el 70,67% en 2016, por debajo de los datos registrados durante la crisis económica de 1998, según los datos del Centro Nacional de Estadística del país (BPS). Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) certifican la tendencia en el superpoblado país asiático, con más de 264 millones de habitantes (cuarto en la lista de países con mayor población). Según esta organización, los distritos indonesios con más de 95% de la población inmunizada ante el sarampión ha descendido del 45% en 2013 al 35% en 2015.

El resurgir del sarampión en todo el mundo preocupa a la OMS. Tras un mínimo histórico de 5.273 casos en 2016, estos se cuadruplicaron en 2017 en Europa, con más de 20.000 personas afectadas y 35 muertes. En 15 países europeos, incluido Reino Unido, la enfermedad resurgió. China, Etiopía, India, Laos, Estados Unidos, Mongolia, Filipinas, Nigeria, Sri Lanka, Sudán, Tailandia, y Vietnam también detectaron brotes en 2016 y 2017.

“En el caso de Asmat, la cobertura del municipio de Papúa apenas contaba con el 17% de inmunidad en 2017”, cuenta Victoria Fanggidae, quien explica: “Este porcentaje es cercano a la ausencia de inmunidad, ya que la protección de la población se consigue con el 95% de vacunación”. La investigadora indonesia responsabiliza a la corrupción. “El sector de la salud es uno de los más corruptos de Indonesia, como el de la educación, donde los presupuestos son elevados, pero los resultados, escasos. En resumen, el problema radica en la incapacidad para ofrecer servicios públicos, más que en el descuido”.

Por su parte, el investigador indonesio de Human Right Watch (WRH), Andreas Harsono, responsabiliza a la política de aislamiento del Gobierno de Indonesia en la provincia de Papúa. “Existen restricciones para la entrada de ONG en Papúa, que no pueden prestar ayuda de ningún tipo. Los habitantes de la isla están traumatizados con la presencia militar en la provincia. El Gobierno extrema las medidas de control sobre la entrada de extranjeros en la zona por la paranoia de que puedan ayudar a los locales en su lucha por la independencia”, explica por teléfono Andreas, en referencia a un conflicto de descolonización existente desde los años sesenta.

El investigador de la organización internacional por la defensa de los derechos humanos subraya que Gobierno de Jakarta ha destinado inversión en infraestructuras de transporte para la explotación de las minas de cobre de Papúa. Sin embargo, señala que, pese a los impuestos generados por las actividades mineras, los habitantes de la isla han visto poca presencia de los sistemas públicos de asistencia.

Aunque en 2015 el Gobierno de Indonesia levantó la prohibición oficial de que periodistas viajasen a la Isla de Papúa, los obstáculos continúan. A principios de febrero, la corresponsal de la BBC en el país asiático fue obligada a abandonar la isla bajo la excusa de que sus mensajes en redes sociales "herían la sensibilidad" de los soldados, según una declaración oficial de las fuerzas militares de Indonesia.

La mayor inversión en infraestructuras ha ocasionado una creciente llegada de trabajadores indonesios a Papúa, y la consiguiente exposición de la comunidad aborigen a nuevas enfermedades inexistentes en el pasado. Desde Agats, el padre Hendrikus Hada reza para que mejoren las infraestructuras de salud y que las tribus locales sobrevivan: “El hospital apenas tiene recursos, mientras que solo siete de los 16 centros de salud cuentan con doctores. ¿Para qué construir ambulatorios si no hay profesionales disponibles?”, se pregunta el párroco.

 

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