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Mientras América Latina repite los errores del entreguismo neoliberal, Bolivia eligió quién administrará su capitulación ante Washington
En Bolivia; la derecha vuelve a "gobernar"21/10/2025 Pressenza - com - La Paz - Por Andrés Escobar
(www.Pressenza.com – La Paz – Por Andrés Escobar) Hay elecciones que definen el rumbo de un país y otras que simplemente ratifican su derrota. La segunda vuelta boliviana pertenece a esta última categoría. La victoria de Rodrigo Paz Pereira no representa un proyecto distinto al que ofrecía Jorge Quiroga, el candidato de ultraderecha, sino una velocidad diferente para la misma rendición. Quiroga proponía la capitulación inmediata con terapia de shock; Paz Pereira promete negociar una subordinación disfrazada de pragmatismo. Washington observa satisfecho, pues el litio y las bases militares llegarán ahora con el discurso de “capitalismo para todos”.
El programa de Quiroga nunca fue viable políticamente, pero su esencia permanece. Paz Pereira rechazó al FMI en campaña, pero viajó a Washington a reunirse con el subsecretario de Estado. Prometió autonomía sin articular cómo estabilizará una economía que necesita urgentemente 7 mil millones de dólares, y el dólar paralelo ya responde jugando al subibaja. Hay promesas por cumplir ante una población exhausta, y los márgenes de maniobra son estrechos. Prometió mantener control estatal del 51% del litio, pero ¿qué tan sostenible es esa posición cuando Washington presiona y la crisis aprieta? En la experiencia latinoamericana, quienes intentan servir a dos amos terminan doblegados. Pedro Castillo, en Perú, fue removido en unos cuantos meses. Luis Arce enfrentó un bloqueo económico sistemático de la Asamblea, que ahora se relaciona con el caso Botrading.

El modelo entreguista que la derecha ejecuta desde 2015 sigue vigente, envuelto en retórica de “capitalismo inclusivo”. Argentina bajo Mauricio Macri pidió el mayor préstamo de la historia del FMI, 57 mil millones de dólares, y lo dilapidó fugando capitales sin lograr un punto de crecimiento. Hoy Javier Milei profundiza la dependencia, préstamo a préstamo, mientras destruye el tejido productivo y celebra un superávit conseguido con el hambre de los jubilados. La pobreza supera el 50%, pero el FMI aplaude y Washington bendice. No tardó en felicitar a Paz.

Perú ofrece otro espejo ominoso. Tras el golpe contra Castillo, las élites entregaron el país a intereses extractivistas mientras la represión brutal ha causado más de 60 muertos en manifestaciones, persecución a líderes indígenas, y ampliación de presencia militar estadounidense. Ecuador siguió el mismo camino, con Daniel Noboa negociando cooperación militar mientras la violencia del narcotráfico, alimentada por las políticas del Departamento de Estado, justifica la militarización territorial.
Tras la farsa electoral opera la estrategia geopolítica de la administración Trump: expandir la presencia militar en América Latina para controlar la migración, combatir el narcotráfico como pretexto, y asegurar el acceso a minerales estratégicos mientras previene la expansión china en su “patio trasero”. Tenemos lo que Washington necesita, el 30% de las reservas mundiales de litio, el recurso que define alianzas del siglo XXI. China domina el 80% de la cadena global del litio. Estados Unidos quiere romper ese monopolio y Bolivia es la llave. Quiroga les prometió cancelar contratos chinos y rusos ofreciéndoles zonas francas, regalías bajas, y tribunales internacionales que anulen la soberanía. Paz Pereira habla de diversificación de socios sin explicar cómo sorteará los celos estadounidenses ante Pekín. Su propuesta es la subordinación negociada, entregarse lento, sonriendo con “dignidad performativa” mientras firma, y manteniendo la ilusión de autonomía para consumo interno mientras las corporaciones transnacionales escriben los contratos reales.

Nuestro momento de debilidad coincide con el máximo poder potencial en un siglo. El litio genera desesperación global y Bolivia podría condicionar el acceso con transferencia tecnológica, industrialización local obligatoria y construcción de capacidades nacionales. Pero eso requiere visión estratégica, instituciones sólidas y una clase política que comprenda la magnitud del momento; tres cosas que no tenemos.
En su lugar, hay un presidente electo que deberá reactivar la economía sin el FMI, estabilizar el dólar sin reservas, atraer inversión sin entregar soberanía, mantener paz social sin recursos. La población boliviana, cansada y harta, espera resultados. Se dice que acabó el tiempo de los movimientos sociales, que ahora las personas votaron por una solución pacífica. También se manifiestan los eternos fieles del discurso del fraude electoral. La desesperación es el combustible que alimenta las grandes entregas y las grandes protestas. La ausencia de movilización puede reflejar agotamiento, no conformidad, pero es un momento perfecto para imponer condiciones leoninas. A la vez, la “solución pacífica” quedará postergada mientras el descontento social impere. Ganó la paradoja: los que querían entregarse no dejan que sean otros los que se entreguen.
La clase media argentina que rebusca en basureros votó con esperanza a Macri y con desesperación a Milei. Entre ambos, destruyeron el país presentando la subordinación como modernización. Los peruanos que apoyaron el golpe contra Castillo recibieron masacres y entrega territorial. Los ecuatorianos que eligieron a Noboa obtuvieron militarización y violencia exponencial.

En Bolivia, después de desperdiciar 60 mil millones de dólares del gas sin diversificar la economía, nos cantaron la segunda para repetir con el litio. Paz Pereira no es Quiroga, pero ambos nos ofrecieron un balotaje con toda la apariencia de una elección norteamericana, enarbolando banderas de rendición en un contexto donde Washington ha dejado de pedir permiso y simplemente toma lo que necesita.
Bolivia eligió al reluctante sobre el entusiasta, al que negocia sobre el que capitula abiertamente. Es una diferencia de forma, no de fondo. La victoria de Paz Pereira no cambia el baile, solo el tono. Habrá reuniones, negociaciones, discursos soberanos. Bolivia entregará sus recursos estratégicos, ¿cuánto recibiremos a cambio?

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