Trump, Venezuela y el petróleo

El mensaje del presidente desde que envió tropas a suelo venezolano ha sido claro: se trata de petróleo, no de democracia

Trump; su espíritu expansionista21/01/2026 NY Times - New York - Por Katrin Bennhold
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(www.NYTimes.com – New York – Por Katrin Bennhold) Un crudo despertar

Una de las primeras señales de que es posible que las cosas no marchen tan bien para Estados Unidos en su búsqueda de petróleo venezolano fue la respuesta de las empresas energéticas estadounidenses.

En una reunión de ejecutivos petroleros con el presidente Donald Trump este mes en la Casa Blanca, Darren Woods, principal ejecutivo de Exxon Mobil, calificó a Venezuela como “no invertible”. Otro magnate del petróleo y aliado de Trump, Harold Hamm, fue más diplomático, pero no precisamente entusiasta. Venezuela, dijo Hamm, tiene “sus retos”.

Trump ha dejado claro que quiere actuar con rapidez. En esa reunión, que convocó menos de una semana después de que soldados estadounidenses capturaron al presidente venezolano, Nicolás Maduro, Trump dijo a los ejecutivos petroleros que “reconstruyan rápidamente” la industria petrolera del país sudamericano.

La semana pasada, un reportaje exclusivo de mi colega Anatoly Kurmanaev dio a conocer que Estados Unidos ya ha empezado a vender 50 millones de barriles del petróleo venezolano que había quedado atrapado por un bloqueo parcial estadounidense.

Hay buenas razones para que el gobierno estadounidense le haya dado prioridad a la rapidez, me dijo Anatoly. La economía venezolana estaba a días de hundirse. El almacenamiento de petróleo estaba casi al límite de su capacidad. La moneda estaba en caída libre. Las autoridades tenían que sacar el petróleo atrapado y meter dólares lo antes posible.

“Era una carrera contrarreloj”, dijo Anatoly. “A Trump no le interesa una Venezuela colapsada en estos momentos”.

A largo plazo, Trump tiene ambiciones más grandes. Busca lo que denomina “dominio energético”: suficiente peso en el mercado mundial del petróleo para frenar el poder de los países de la OPEP y ganar influencia frente a China. Venezuela forma parte de ese plan.

Pero en las semanas transcurridas desde el operativo, estas ambiciones de, a largo plazo, hacerse con el control efectivo de la industria petrolera de Venezuela “se han topado de bruces con la realidad”, según escribió mi colega Anton Troianovski la semana pasada.

Los grandes planes de Trump podrían tardar años en concretarse, si es que llegan a concretarse.

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Lento y caro

Un problema para Trump es que Estados Unidos no tiene una compañía petrolera nacional. Exxon, Chevron y similares son empresas privadas que solo emprenden proyectos cuando ven una buena oportunidad de negocio. Cuando miran a Venezuela, no les gusta lo que ven.

El caso a favor de invertir en el petróleo venezolano no es sencillo. El país tiene mucho crudo, pero acceder a ese recurso natural y convertirlo en un negocio rentable requeriría mucho tiempo e inversión inicial, como escribe mi colega Peter Coy. Ese es el tipo de cosas que no les gustan a las empresas petroleras estadounidenses, que últimamente han tratado de economizar inversiones y reducir riesgos.

Los bajos precios del petróleo significan que el incentivo para invertir es limitado. “Muchos analistas creen que ya hay un gran exceso de oferta de petróleo en los mercados mundiales”, escribió Anton.

Otro problema es que, aunque Estados Unidos destituyó a Maduro, y por ahora logró una aparente colaboración de su sucesora, no se ve que haya logrado la estabilidad política a largo plazo en Venezuela. Una historia de agitación política, que llevó en primer lugar a la nacionalización de los activos de las empresas petroleras estadounidenses, es parte de los motivos por los que los ejecutivos consideran que no se puede invertir en el país.

Y, como algunos de mis colegas han estado informando, hay indicios de que ya han empezado a aparecer grietas.

 

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 ‘Cero petróleo’

A pesar de todo el descontento que muchos venezolanos sienten hacia su gobierno, el petróleo ha sido parte fundamental de la postura del país hacia Estados Unidos.

“Durante casi tres décadas, a los venezolanos se les inculcó la ideología del ‘chavismo’, cuyo objetivo era aprovechar la riqueza petrolera para transformar el país, empoderar a los pobres y enfrentar a Estados Unidos y sus ambiciones imperialistas”, escribe mi colega Maria Abi-Habib.

Por eso, a algunos venezolanos les cuesta aceptar su nueva condición de país dispuesto a cooperar —y a compartir la riqueza petrolera— con los estadounidenses que acaban de intervenir en sus asuntos.

“Debieron haberle quitado el petróleo, y no tenían que haberle vendido ningún petróleo a los Estados Unidos. ¡No petróleo, cero petróleo!”, le dijo una mujer venezolana a Maria.

No está claro cuánto tiempo conseguirá el nuevo gobierno mantener a raya a estas fuerzas para seguir cooperando con Estados Unidos. Incluso si lo consigue, abundan otros ingredientes para la inestabilidad: el país sigue lleno de grupos paramilitares, guerrillas colombianas y bandas.

No es el tipo de entorno que parece tentador para un ejecutivo petrolero que observa desde Texas. Pero Trump también está dispuesto a obligar a las empresas a que se sometan. “Probablemente me inclinaré por mantener fuera a Exxon”, dijo el presidente a los periodistas tras la reunión en la Casa Blanca. “No me gustó su respuesta”. Las acciones de Exxon cayeron tras la reunión, aunque desde entonces se han recuperado.

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