
Adiós, querida Jane, el "peculiar primate blanco"
(www.Nationalgeographic.com.es – Madrid – Gonçalo Pereira *) «¡Urru, urru, urru-rá!»
El auditorio está lleno, con unas dos mil personas, y Jane Goodall entra en escena, frágil y con un chimpancé de peluche en una mano y el micrófono en la otra. «Tenéis que perdonarme. En Gombe, de donde vengo, así es como los chimpancés saludan a un extraño».
Jane era así. Sencilla. Delicada. Aparentemente frágil, pero con convicciones inquebrantables.
Al final de aquella conferencia que pronunció en 2009 en Lisboa, me concedió una entrevista. Estaba agotada tras dos horas de intervención de pie, sola, hablando de conservación y de los temas que la preocupaban y afectaban al bienestar de sus queridos chimpancés. «Pero si es para National Geographic, estoy disponible», dijo con una sonrisa fatigada. Y nos sentamos a conversar.
La entrevista no fue un duelo de titanes porque, por primera vez en mi carrera, no conseguí mantener la distancia obligada para todo periodista. Procuré dirigir la conversación hacia sus logros científicos: las observaciones de comportamientos inéditos de los primates; la forma como rompió los cánones en los métodos de investigación, dando nombres a los chimpancés en lugar de otorgarles números; las peleas con sus colegas académicos, que no veían con buenos ojos sus hallazgos y a menudo el hecho de que fuera una mujer quien los hiciera.
En esa etapa, Jane ya estaba girando la aguja de la brújula hacia el tema que la motivó hasta el final de sus días: quería hablar de conservación. Valoraba el trabajo de campo científico realizado en Gombe y en otros enclaves, pero ella insistía en llevarme hacia su tema, presintiendo que la próxima batalla ya no sería para elevar los primates al estatus de casi humanos, sino directa y sencillamente, para la supervivencia.
Solo conseguí romper su estrategia cuando le pregunté sobre el choque que supuso para ella, investigadora, y para nosotros, lectores, la constatación de que los chimpancés podían ser tan brutales y violentos como los humanos. Me dijo que fue el mayor impacto de su vida y que le costó interiorizar que esa falta de humanidad es, en realidad, un rasgo más que nos aproxima a ellos.
Casi al terminar la entrevista, le pregunté si era consciente de lo que ella significaba para miles de científicos – y científicas – que emprendieron una carrera en biología siguiendo su ejemplo. Suspiró, incómoda, y me dijo: «¿Yo? Yo solo soy otro peculiar primate blanco.»
Querida Jane, tu liderazgo y ejemplo nos van a hacer falta. A National Geographic y al mundo.
(*) Gonçalo Pereira, Director de National Geographic España y Portugal


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